Ampliando nuestra «Zona de Confort»

Lo primero de todo es ¿Qué es esto de la “Zona de Confort?

Supongo que habréis oído muchas veces hablar a entrenadores y demás de algo que se llama “zona de confort” y de la cual es importante “salirse de ella” para poder progresar en un deporte, en un ámbito laboral o en cualquier otra cosa para que se pueda utilizar este término.

Digamos que, la zona de confort es ese lugar mental en el que estamos a gusto, nos encontramos seguros, es la zona en la que solemos hacer las cosas habitualmente, nada nos escapa, el “cómo” hacemos las cosas que hacemos, el “porqué” las hacemos de esa manera particular y que, de una manera automática, hemos ido incorporando a nuestra rutina de manera que casi nunca cambiamos ese hábito.

Nos va bien así y no pensamos en cambiar nada.

Es una zona-maneradehacerlascosas en donde lo tenemos todo aprendido y que hemos ido conquistando con el tiempo, pero atención, ella nos ha ido conquistando también a nosotros, ¡a su vez!

Luego llega alguien y nos recomienda salirnos de ahí, salir de la zona de confort, salir de esa actitud conformista y adentrarnos en lo desconocido, hacer las cosas diferentemente, atrevernos a caminar por la acera por la que nunca pasamos, entrar en barrios que no nos gustan, cambiar de recorrido, de velocidad, de rutinas. 

Y ¿porque deberíamos hacerle caso?

¡Salir de ahí es arriesgar y arriesgar puede significar perder! 

Será arriesgado y podría ser desagradable, pero ese tipo sigue diciendo que debo salir, ¿qué hago?

El problema de la zona de confort que tenemos como humanos, es que nunca nos podemos liberar de ella. Si en un momento dado llegamos a los propios límites de nuestra zona de confort, de una manera sutil, pero eficaz, esta nos “protegerá” de nuevo y evitará que pasemos a cosas mayores que podrían acercarnos al éxito, pero también al fracaso.

Es como un manto que nos acompaña siempre y que si traspasamos la última línea se alarga un poco más una vez, conocido ese territorio hasta entonces desconocido.

Y esto vale para el entrenamiento, para plantearse objetivos, para ganar carreras o campeonatos, o para mejorar nuestra propia situación personal o laboral.

Por mucho que nos esforcemos, por mucho que entrenemos y rodemos con la moto, si todo ello lo hacemos sin superar los límites de nuestra propia zona de confort será muy difícil que avancemos realmente, todo lo que lograremos son pequeñas mejoras puntuales, o incluso retrocesos en caso de sobre-entrenamiento y/o saturación mental.

En el reportaje en que hablábamos de Aldon Baker, este explicó 5 puntos esenciales para lograr avanzar realmente en nuestro entrenamiento y preparación y uno de ellos, el 2º, era este:

2- Planificar. Para progresar uno debe saber a dónde va y adónde quiere ir. Entrenar sin definir el objetivo no sirve para casi nada. Antes de salir a entrenar definid lo que vais a hacer y por qué vais a hacer precisamente eso.

Y, ¿por qué es tan importante definir antes el objetivo que perseguimos ese día con nuestro entrenamiento?

Pues tiene que ver con superar esa zona de confort o, por lo menos, con “agrandarla” que será el término más correcto una vez entendido el proceso.

Y ya que es tan imposible librarnos de ella lo que en ocasiones podremos hacer es expandirla. 

Bueno, sí que es posible salirnos por unos instantes, pero si convertimos eso en un hábito, salir de nuestra zona de confort en cierto aspecto específico de la vida, lo que realmente terminará pasando, es que nuestra zona de confort se expandirá, para comprender esos límites.

Es como si fuese una membrana de la que por instantes nos salimos, pero para protegernos, crece y nos vuelve a cubrir.

Considerando todo esto, entonces lo mejor es hacerla crecer al máximo posible.

Y para hacer crecer o expandir nuestra zona de confort, lo que deberemos llevar a cabo son actividades que nos incomoden, pero que nos ayuden a llegar al éxito.

Llevar a cabo trabajos incómodos sin objetivo alguno, nos saca de nuestra zona de confort, pero no nos lleva realmente a ninguna parte.

De ahí el comentario acertadísimo de Aldon Baker, en el sentido de que debemos marcar objetivos concretos e ir a por ellos, porque sin esto el trabajo que realicemos puede ser totalmente inútil. Siempre será trabajo, sí, pero de una eficacia indemostrable, e incluso muchas veces, contraproducente.

El éxito incluye por momentos incomodarnos con actividades difíciles, que nos producen incomodidad o que requieren mucho trabajo, pero es importante que saber cuáles realizar y porqué.

Entonces, ahí la ayuda de un buen entrenador es de vital importancia, por la visión exterior que nos aporta.

Siempre habrá personas capaces de entrenar en solitario, capaces de analizarse a sí mismos con sinceridad y objetividad y capaces de visualizar por si mismos los objetivos a perseguir en cada momento, seguro que los hay, aunque la gran mayoría necesitamos una ayuda externa que vea nuestros defectos, nuestras imperfecciones y mucho más importante aún, que nos diga cómo mejorar. 

Voy a poner un par de ejemplos, siempre tan difíciles de acertar, esto de los ejemplos. 

Uno, es el caso de un deportista que aspira desde hace años a ganar un campeonato, cada año se acerca un poco más a su objetivo y siempre parece que el próximo año será el definitivo y cuándo más cerca está de lograrlo siempre se queda “en puertas”.

No busquéis un nombre en concreto, no estoy hablando de uno solo, hay muchos Josh Coppins, hay muchos ejemplos en el deporte de esta situación, en el motocross y en cualquier deporte individual ha habido siempre los eternos Poulidor, y siempre lo habrá, porque son gente que aún y habiendo ampliado su zona de confort hasta límites enormes no contaron con que el campeón vigente iba a ampliar también, a su vez, los suyos y mantendría así cada año ese pequeño plus que le permite ganarle sin piedad.

Entonces, ¿qué debería hacer nuestro aspirante imaginario para lograr por fin el éxito que se le escapa?

Lo primero definir bien sus puntos débiles, esos que deberá trabajar a fondo, porque son los que le llevan al fracaso más a menudo y le impiden llegar el primero a la cumbre. Si descubrimos nuestro punto débil, podemos trabajarlo para volverlo nuestro punto fuerte y muy importante, viéndonos evolucionar en pista también nuestro rival puede haberlo visto antes y ha podido así trabajar a fondo ese tema, por lo que debemos neutralizar pronto nuestros puntos débiles. 

¿Dónde entrena el campeón en invierno? Donde se cree más vulnerable, en el terreno que menos conoce o que menos le gusta, así mejora eso que es su punto débil y llega a parametrizar cada detalle hasta convertirse en un verdadero Maestro en el terreno que más desfavorable le era en principio.

¿A dónde va Herlings a entrenar en invierno? A España, a Italia, a terrenos duros, de los que no hay en su Holanda, los que podrían costarle más caros en pérdida de puntos en las carreras que toca ese terreno. 

Y a su vez ¿qué hace el aspirante? Entrenar a menudo en el terreno que mejor domina, en el que ya es un especialista y donde lo era ya, antes incluso, de haber optado a pelear por el podio. Por eso se queda en aspirante.

Hablo del terreno de entrenamiento, pero podríamos hablar de otros campos, poner de ejemplo la nutrición, ese campo casi mágico que podría hacernos mejorar en semanas lo que no se logra en años, pero que pocas personas se atreven a cruzar el umbral, porque fueron programados por sus madres y sus familias, desde muy pequeñitos, a comer unas determinadas recetas y en unas determinadas horas, que aunque no sean las ideales para un deportista no van a atreverse nunca a cambiarlas.

Otro ejemplo clásico es el trabajo sobre las diferentes zonas del cuerpo, todos habréis visto gente con diferencias evidentes como el brazo derecho en los tenistas, mucho más desarrollado que el izquierdo que no usan para la raqueta, culturistas con torso y brazos enormes y piernitas superfinas, futbolistas con superpiernas y con unos brazos mucho más finos y multitud de ejemplos más de gente que desarrolla una parte específica de su cuerpo y olvida otras creando un desequilibrio.

Puede parecer justificado en muchos casos, pero casi nunca lo es realmente. El equilibrio es el secreto de la felicidad y ya los griegos lo representaban con sus figuras humanas de proporciones perfectas. 

Otros ejemplos de zona de confort que nos impide progresar están ya en el terreno de lo mental, de la mentalización positiva.

 Una vez definido nuestro punto débil debemos trabajarlo, pulirlo, tratar de mejorarlo cambiando radicalmente nuestra actitud mental hacia ese tema en específico.

Las cosas que siempre hemos hecho de una manera determinada y que siempre “nos ha funcionado” son las primeras que deberán sufrir modificaciones y cambios enfocados a una mejora radical, aunque nuestro cerebro dudará y pondrá mil reparos, pensando que si hasta entonces “iba bien” es absurdo modificar todo por un pequeño aporte suplementario.

Nuestro cerebro se resiste a los cambios, por sistema. 

¡Pero son las cosas pequeñas las que obran los grandes cambios!

Y, con todo, ¿será suficiente con cambiar unas cuantas actitudes y/o la manera de hacer las cosas habituales?

Dependerá siempre del acierto en hacer los cambios necesarios y en el análisis continuado de la evolución conseguida con cada cambio. 

En ocasiones un viaje a latitudes lejanas y culturas diferentes tiene la virtud de abrirnos la mente y hacernos ver luz donde solo había penumbra. 

Otra manera útil para evolucionar puede ser un trabajo psicológico y trabajos de estimulación mental, que pueden hacernos ampliar suficientemente nuestra zona de confort y sobre todo antes que lo hagan que nuestros rivales.

Si os identificáis en alguno de los ejemplos hasta ahora citados mi consejo es que busquéis ayuda externa, un coach, un entrenador, un amigo, lo más sincero y pragmático posible, alguien que incluso no estando muy vinculado a nuestro deporte pero que tenga la suficiente visión pragmática de las cosas para podernos enfocar bien hacia ese consejo que nos ayude a cambiar y mejorar.

Vamos ahora con el segundo ejemplo, el piloto que lo hace realmente bien en campeonatos locales o regionales pero que cuándo las cosas pasan a un nivel superior los nervios le ganan la partida y diríase que nunca ha merecido estar ahí y que hubiera aprendido a llevar una moto la semana antes. Tal es el punto de agarrotamiento al que el stress nos lleva.

Esto puede ser debido a múltiples factores, pero entre los que destaca claramente el hecho de haber superado los límites habituales de su zona de confort. Resultado: stress y fracaso. 

¿Qué hacer entonces?

Aquí la dificultad no es el tipo de terreno de entrenamiento, ni la superficie concreta de la carrera o las cualidades en aumento del rival habitual, de hecho, aquí el rival principal ya no es el mismo de siempre, ¡ahora el principal rival es uno mismo!

 En estas ocasiones el cerebro trabaja mal bajo stress y nos empuja a una inconformidad con la nueva situación que nos ralentiza, agarrota y que finalmente impide cualquier tipo de buen resultado en competiciones en las que sintamos que estamos por encima de nuestro propio techo competencial.

Entonces, el trabajo deberá basarse en la relajación y la auto-confianza. “Estar fuerte” o “más fuerte que nunca” no será suficiente, lo importante entonces es como poder vencer nuestros bloqueos y lograr así sentirnos al 100% de nuestras posibilidades.

Y, ¿Cómo se hace eso?

Es básico aprender a relajarse y a relativizar la importancia de cada evento. Para eso ya no nos bastará un amigo o un coach ocasional, por mucho que sepa de trazadas y de motocross raramente podrá aconsejarnos el tipo de respiración que debemos realizar para relajarnos o el tipo de pensamiento que debemos tener y como lograrlo en pocos minutos antes de que la manga empiece.

El consejo entonces es haber previsto el evento con varias semanas de antelación y se deberá trabajar con alguien habituado a usar técnicas de relajación  y de respiración, con un profesional del tema, en definitiva.

Es muy evidente que si no respiramos bien no funcionamos bien, pero pocas personas saben respirar bien y de entre esos pocos aún son menos los que saben explicarlo bien.

Una vez más me apoyaré en las explicaciones del gran Aldon para sustentar parte de lo que estoy explicando. Decía en mi artículo que había inculcado en Ryan Villopoto una costumbre que este respetaba a diario:

5-La suavidad de ejecución. Es una manera de mantener la forma en un punto alto durante mucho tiempo. Hacer deporte no significa necesariamente hacerlo bruscamente. Por poner un ejemplo Ryan Villopoto inicia su jornada diaria con 40 minutos de estiramientos y 40 minutos de Yoga.

El Yoga, en este caso forma parte de una terapia y es todo un campeón quien lo utiliza, sabedor de sus innumerables beneficios.

¿Servirán estas técnicas para eliminar mis bloqueos mentales y permitirme dar lo máximo de mí en las carreras importantes?

Desde luego esto no puede responderse con un “no” o un “sí”, todo dependerá de la capacidad que tengamos para meternos en situación, para aprovechar las explicaciones y la realización de las técnicas sugeridas por cada profesional, pero desde luego que será más útil que no hacer nada y volver a cortar el gas en plena salida, sin poder explicar luego el porqué.

 A partir de ahora cuando alguien te hable de salirte de tu zona de confort, ya sabrás que de ahí no se sale, más que por un pequeño tiempo, pero que al hacerlo descubrirás nuevas maneras de hacer las cosas y podrás mejorar las que ya hacías habitualmente e incorporar lo aprendido de nuevo a tu zona de confort ampliada.

¡Felicidades por ello!

Es lo más difícil de hacer, pero seguro que te será muy útil 😉

Por Francesc Serret  – New Time

 

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